El antígeno prostático específico (APE) es una proteína producida por las células epiteliales que se encuentran en el tejido al interior de la próstata y que se produce en un nivel o cantidad constante en forma continua. Se trata de un elemento que se utiliza como marcador órgano-específico, pero no cáncer específico; es decir, una sustancia que al producirse en mayor cantidad a la habitual refleja alguna alteración de la próstata, pero no necesariamente su elevación significa la presencia de cáncer, debido a que esta producción puede incrementarse por otras situaciones o enfermedades; por ejemplo, crecimiento benigno de la próstata, inflamación de la próstata (prostatitis), colocar una sonda por el pene, la misma revisión al tacto rectal durante la exploración, etc.
El análisis del APE mide la concentración de esta proteína en una muestra de sangre y el reporte se emite en nanogramos (un nanogramo es la millonésima parte de 1 miligramo) por cada mililitro de sangre (ng/ml) al hombre que se le ha tomado la muestra.
La determinación o concentración de APE se incrementa frecuente en el cáncer de próstata; sin embargo, para complementar el diagnóstico y naturaleza del problema el estudio debe ser complementado con un examen digital de la próstata (tacto rectal) y en un momento diferente a la toma de la muestra sanguínea.
Se recomienda realizar este examen como parte del estudio para la detección temprana de cáncer de próstata, sobre todo en pacientes con factores de riesgo para el mismo como puede ser pacientes afroamericanos (raza con mayor frecuencia de presentación; sin embargo, en nuestro país esta raza es poco frecuente), abuelo, padre o hermano con antecedentes de cáncer de próstata, principalmente.
El análisis del APE deberá ser siempre orientado y asesorado por un médico especialista de preferencia en el área de la urología.
El resultado normal de APE varía con la edad en el hombre y el valor considerado como normal ha cambiado con el tiempo de tal manera que un valor de 3.5 ng/ml entre los 55 y 60 años puede ser considerado normal, así como un valor de menos de 2.5 ng/ml lo es para hombres menores de 50 años. Es importante señalar que aun obteniendo dichos valores en el resultado del estudio, no necesariamente indica que no exista cáncer de próstata y esto es debido a que en algunos tipos de cáncer, sobre todo los más agresivos, existe tal nivel de destrucción de los tejidos que producen el antígeno prostático que no se detecta en la sangre mediante este indicador y en consecuencia no determina la posibilidad de presencia de estos tumores. Por lo anterior, se podría no tener elevación de APE y estar ante la presencia de un cáncer agresivo de la próstata, el cual afortunadamente casi en el 100% de los casos es posible detectar mediante la exploración rectal (tacto rectal).
En términos exclusivos del antígeno prostático específico, podemos señalar que entre más elevado se encuentre el APE mayor es la posibilidad de tener cáncer.
Si el análisis del APE muestra un reporte alto, generalmente se recomendará un segundo análisis para confirmar dicha elevación. Si durante la exploración digital se detecta algún tipo de endurecimiento, protrusión o nódulo en la próstata, se complementará con otro estudio, como una biopsia de la próstata guiada por ultrasonido (procedimiento que se detallará en un blog posterior), para confirmar o no la presencia de cáncer. Es muy importante mencionar que la realización de una biopsia de la próstata será mandatoria en caso de detectarse durante la exploración digital rectal las anormalidades mencionadas e independientemente de la obtención de niveles de antígeno prostático específico considerados como normales en el estudio.
El análisis de APE puede resultar en falsos positivos y falsos negativos, lo cual podemos leer como: una elevación del APE no necesariamente es un cáncer de próstata y al contrario una determinación baja o en rango normal tampoco puede descartar con certeza un cáncer de próstata. Por lo anterior, siempre será recomendable que la evaluación de APE sea realizada por médicos expertos en la materia.
Como se mencionó previamente la próstata puede incrementar la producción de esta proteína por varias razones como son: la hiperplasia o agrandamiento benigno de la próstata, inflamación de la próstata (prostatitis), una infección urinaria, la eyaculación (por ello se pide abstinencia sexual 48-72 hrs. previo a la toma de la muestra sanguínea), la exploración rectal (tacto rectal) por lo que de preferencia debe efectuarse el estudio del APE antes de realizar cualquiera de los siguientes procedimientos: exploración rectal, colocación de sonda vesical para drenar la vejiga, instrumentaciones recientes a través de la uretra (conducto del pene) como dilataciones o cistoscopia (revisión de la vejiga mediante instrumento óptico) o colonoscopia reciente (estudio óptico del intestino grueso a través del ano).
Por otra parte habrá que considerar que también existen situaciones en donde pueden reportarse niveles de APE en la sangre inferiores a los niveles elevados reales que pudiera tener el paciente esto como consecuencia de la ingesta de algunos medicamentos llamados inhibidores de la 5-alfa reductasa (finasteride, dutasteride), utilizados en el tratamiento del crecimiento benigno de la próstata, que reducen la producción del APE a la mitad, aún en presencia de cáncer.
El APE se utiliza también como instrumento en la vigilancia de un paciente que ha recibido tratamiento para el cáncer de próstata, con la finalidad de detectar si no hay recurrencia (que regrese el cáncer) o persistencia (el cáncer continua a pesar del tratamiento). Si durante el seguimiento de un cáncer de próstata tratado, el APE empieza a elevar sus concentraciones, esta puede ser la primera señal de que nuevamente existe actividad del cáncer o recurrencia sin necesidad que existan síntomas.
Existen otras variantes del APE utilizadas para mejorar su interpretación y comportamiento (fracción libre del APE, densidad del APE, velocidad de APE, tiempo de duplicación de APE); sin embargo, ninguna ha logrado mejorar el porcentaje de diagnósticos de cáncer, sólo en algunos casos han ayudado para definir el tipo de tratamiento a seguir en los casos ya diagnosticados con cáncer de próstata.
Por todo lo ya mencionado, lo más adecuado es tratarse y ser orientado por un médico experto en la materia, con la finalidad de tener una integración diagnóstica y de seguimiento adecuada.
Cuando se tiene sospecha clínica de la presencia de cáncer de próstata, es imperativo la realización de una biopsia de próstata para determinar su existencia.
Una vez confirmado el diagnóstico de cáncer de próstata, es muy importante estadificar en qué etapa se encuentra y determinar el mejor tratamiento para el paciente.
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